¿Cómo debería ser la foto del perfil de Linkedin?

Desde hace tiempo tengo la intención de cambiar mi foto del perfil de Linkedin, pero hasta ahora, bien por falta de tiempo o bien por falta de una foto suficientemente atractiva (es lo que tiene no ser excesivamente fotogénico) no lo he hecho, y como cientos de usuarios de esta red, sigue una foto mía de cuando el pelo me sobraba y las arrugas no campaban por mi cara.

Bien, llegado este punto, me planteo cuál debe ser el mejor marco posible para una foto, en esta red social que tiene un claro marcado profesional. He aquí unas opciones que he clasificado en función de lo que he visto:

 

  • Foto clásica de CV, con fondo blanco y en traje, mostrando a partir de los hombros y mirando de frente a la cámara. Es la que consta en todos mis CV, y la que tengo ahora pero de hace años. Tiene la ventaja de que transmite seriedad y una imagen de trabajo, pero la desventaja de que se pierde algo la naturalidad y la opción de mostrar algo diferente en una red como Linkedin.
  • Foto elegante pero informal. Una foto de cuerpo entero, en un entorno de trabajo, bien mostrando un perfil o bien trabajando con un ordenador o cualquier elemento propio de una oficina de trabajo. Son fotos que transmiten más frescura pero que tienen el inconveniente de tener que elegir muy cuidadosamente el marco.
  • Foto casual, con elementos distintos de los propios del lugar del trabajo. Este tipo de fotos contienen fondoso que incluyen desde monumentos típicos hasta entornos naturales. Tiene la ventaja de que muestra un lado diferente de la persona, alejado del prototipo típico de trabajador. A cambio, el inconveniente reside en no trasmitir un compromiso con el entorno laboral.
  • El cuarto tipo lo vengo observando cada vez más en esta red, y consiste en fotos con marcos de distintos tipos, como si fuesen fotos de carnet. Tiene la ventaja de ofrecer algo distinto, incluyo una foto con mayor contenido artístico. Y el inconveniente reside en que se pierde parte del espacio que ofrece Linkedin para tener una foto de mayor resolución.
  • El quinto tipo sería para las opciones residuales. A saber, no tener una foto, que sin duda tiene más inconvenientes que beneficios porque se pierde la capacidad de mostrar confianza a través de una imagen. Otra opción incluye colgar algún tipo de imagen que no tenga nada que ver con la imagen propia. Algo arriesgado a no ser que sea algo que transmita mucha fuerza y tenga sentido con la propia carrera profesional (caso de un publicista por ejemplo que incluye algún tipo de imagen impactante)
31c0399                                                                                               Imagen real vista en un perfil

No se si hay más opciones, pero ¿cuál de estas os resulta más interesante? ¿Habría alguna otra opción atractiva aparte de las mencionadas?

Indultando a Sinverguenzas: el sangrante caso Fabra

Cuando en un estado de derecho existe una figura jurídica que se aplica discrecionalmente como el indulto, hago falla.

 El mero hecho de que se plantee el indulto a un tipo como Carlos Fabra, representante de lo peor que ha tenido y tiene nuestro país, la corrrupción, debería hacernos plantear que está pasando.

 Desde hace años vemos como el tal Fabra campa a sus anchas por los puestos políticos de su comunidad autónoma. Con el beneplácito eso sí, de los muchos votantes, pero también de los dirigentes de su partido.

Muchos nos preguntábamos como tenía tanto cuajo para aparecer tan tranquilo. Ahora lo entendemos. El indulto ya estaba en su cabeza y los miles de millones robados no parece que vayan a ser suficientes para hacer que entre directo en la cárcel, que es donde debía estar hace tiempo.

 Quizá nos merezcamos lo que tenemos y no quede otra opción que echarnos en las manos de los populistas y demagógicos partidos como Podemos, en vez de confiar en los obsoletos y corruptos partidos “democráticos”.

Adolfo Suárez, un hombre de estado

El fallecimiento de Adolfo Suárez y su legítimo homenaje es uno de los motivos de esperanza para pensar en una España mejor. Echando la vista atrás, y teniendo cierta perspectiva, es justo reconocerle a él y en general a todos los políticos que conformaron una época tan difícil, el mérito de haber canalizado una transición hacia un nuevo modelo político.

La democracia que hoy tenemos, plagada de imperfecciones, con una terrible crisis económica, un país empobrecido y una clase política corrupta, todavía es muy superior a la dictadura que padecimos y al país atrasado que teníamos antes de que Suárez y el resto liderasen el cambio democrático.

España es 40 años después una democracia, un país occidental, hablando en términos de calidad de vida, un país que ha avanzado lo suficiente como para ser considerado en muchas cosas parte de la misma Europa que nos lleva en algunos casos algún siglo de ventaja en cuanto al ejercicio de la democracia.

No hay más que fijar la vista fuera, en Latinoamérica sin ir más lejos o en algunos países de Asia, para comprobar que los países que sufrieron dictaduras, hoy en día siguen lejos del nivel alcanzado por España.

Es cierto que en los últimos años hemos chocado con la realidad de una transición que busco acuerdos de mínimos y que incurrió en graves errores que después el país ha pagado. Es cierto que el desarrollo del  modelo de las autonomías se ha demostrado erróneo en su ejecución y en parte en su definición. Pero no es menos cierto que quizá era la única solución que había entonces. Ese sacrificio por un bien mayor, hoy pudiera parecernos un error, comparándolo con lo ideal, con nuestros mejores años, precisamente en estos últimos años. Pero si comparamos ese sacrificio con una alternativa diferente, con una España todavía dividida, con el ejército como actor clave, con un país socialmente atrasado, quizá nos demos cuenta de que esa era la única solución.

Y fue una solución complicada para todos, especialmente para un Suárez que tuvo que renunciar a mucho y tuvo que soportar la carga de liderar él los cambios. Esa capacidad de sacrificio, de ceder, de buscar el consenso, de anteponer los intereses del país por encima de los intereses de partido o personales es precisamente el gran agujero de nuestros políticos de hoy en día. Falta grandeza, falta visión de estado y falta coraje.

Todas esas virtudes las tuvo Adolfo Suárez. Descanse en paz.

4 días sin móvil

No es el título de una película ni tampoco un estudio científico, es solamente la consecuencia de haber perdido el móvil el pasado domingo. Aún así, bien podría servir para sacar algunas reflexiones.

Al enfado inicial de perder el móvil, le siguió una extraña sensación  de desubicación. Primero porque el móvil suele ocupar un lugar central en mis bolsillos y en demasiadas ocasiones en mis manos, consultándolo a cada rato. Ya fuese el whatsap, ese arma infernal de destrucción masiva, el facebook, por aburrimiento la mayoría de las veces o cualquier otra consulta. A veces incluso alguna con utilidad.

Cuatro días después y tras superar el mono, con sudores fríos y noches de insomnio, puedo decir que he superado el síndrome de abstinencia con éxito. La rutina de mirar el móvil nada más levantarme, al salir de casa y en los tiempos muertos, la he perdido. Y de repente me he encontrado en un autobús o en el anden mirando a la gente o reflexionando. Incluso cuando mis compañeros de trabajo y amigos miraban sus móviles yo disfrutaba del silencio, de la tranquilidad de no pensar en nada, de no depender de nada.

En estos cuatro días nadie me ha llamado. No creo que nadie fuese a hacerme una llamada vital para mi futuro. Pero en todo caso, quien me ha querido contactar lo ha podido hacer por otras vías. Afortunadamente sigo teniendo ordenador con su internet, para consultar las redes sociales y el correo. No tener ese mínimo sería directamente la muerte social. Y aunque siempre fui un rebelde, no quiero llegar al final de mi vida solo, como un ermitaño.

Mientras escribo este email, se que esta tarde me compraré un móvil y volveré a mi vida normal, o anormal, según se mire. Cuando me llamen o me escriban un whatsap ya no tendré la excusa de no tener móvil. Volveré a sentir la necesidad de mirar a cada rato el móvil, aunque el 95% de las veces sea para una tarea con cero utilidad.

Invierno en Lima

Dicen que en los países nórdicos hay la mayor tasa de suicidios, asociados a la falta de sol durante una parte del año. Lo cierto es que tras vivir un invierno en Lima y parte de la primavera, en espera del ansiado verano, entiendo más que nunca dicho índice.
Los días en Lima a partir de julio se suceden uno detrás de otro con una tediosa rutina consistente en amanecer con un cielo gris, cubierto por una gran nube que amenaza a toda la ciudad como si de un gigantesco platillo volante se tratase.
En los primeros días queda el recuerdo del sol y ese gris permanente se hace más llevadero, pero semanas más tarde comienza a influir en el ánimo, para convertirse tres meses después en una pesada losa le hace sentir a uno apesadumbrado, cansado e incluso triste.
El sol no solamente calienta el cuerpo sino que revitaliza el espíritu. Con él se multiplican las ganas de realizar planes, de emprender proyectos, de salir a la calle, de hacer deporte, de vivir la vida en general. Sin él, nada de lo anterior cobra tanta fuerza.
Como si de un zombi limeño se tratase, mis días sin sol se suceden hasta que en algún momento su salida de cure de este estado de zozobra.
Llegará pronto, me dicen; más pronto que tarde, mientras la primavera sigue su curso en este octubre que todavía no ha comenzado pero que ya se me ha hecho largo, a la espera ese sol que libere de nuevo las energías de salir.

Aifonizando mi vida

Un Aifon, o cualquier otro teléfono brillante (smartphone) puede hacerte la vida mucho más sencilla o mucho más complicada, depende del grado de interacción. Comprarse un aifon es como comprarse una casa, nunca deja de estar completamente decorada a tu gusto.

Para alguien que nunca ha tenido un smartphone como tal, por motivos que aquí no aplican, la curva de aprendizaje es algo lenta, aunque aspiro a hacerme con la máquina en unos pocos días más.

Bajarse aplicaciones puede convertirse en un auténtico estrés. Hay que configurarlas y encontrarles el uso. Por eso es importante saber que te quieres bajas y si lo vas a utilizar.

Para empezar, me resulta fundamental tener las aplicaciones ordenadas en función de temáticas: viajes, redes sociales, fotos… Luego, es fundamental leer bien las reseñas para no bajar porquerías y bajar aquellas que sepas que le vas a dar más de dos usos. Y sino, es importante borrarlas.

A partir de aquí, con un uso adecuado realmente las aplicaciones de hoy en día ofrecen unas utilidades gigantescas. Eos sí, siempre dedicando tiempo para meter los datos correspondientes.

Y como último comentario es importante no olvidarse de que es solo una máquina y lo importante siguen siendo las personas. Al menos, eso me dice mi iphone.

Las ruinas de Machupichu

Cuando uno piensa en el Machupichu no se acaba de imaginar la grandeza de lo que supone. Tampoco se logra entender exactamente que es cada cosa cuando te hablan de Cuzco, Machupichu, Valle Sagrado… Habida cuenta de que las fotos hablan por sí mismas de lo impresionante del paisaje voy a aprovechar para darle información útil al posible viajero que se aventure en las ruinas incas más famosas.

Lo mínimo indicado para poder disfrutar del viaje son cuatro días. Básicamente son tres los destinos a ver:
-La ciudad de Cuzco
– El Valle Sagrado, que es un conjunto de ruinas alrededor de Cuzco
-La ciudadela de Machupichu.

Son tres destinos diferentes que  vistas en ese orden van gradualmente de más a menos espectacular. Se trata de un viaje costoso porque hay desplazamientos en tren, avión y autobus y al ser un destino turístico existe también un sobreprecio. El alojamiento se puede conseguir a nivel hostal o de lujo pero por 30$ se encuentran hotelitos agradables, limpios y bien ubicados.
Empecemos con el análisis del viaje desde Cuzco, un necesario punto de partida puesto que allí llegan los vuelos nacionales e internacionales. Un vuelo Lima a Cuzco cuesta entre 100 y 200$ según la fecha de compra.

La llegada a Cuzco es problemática porque se trata de una ciudad a gran altitud. El mal de altura supone un riesgo para poder disfrutar de una ciudad bonita, recogida, con una bonita plaza de armas y con edificios con encanto e historia en muchos rincones. No obstante, Cuzco, otrora gran ciudad inca, sirve sobre todo como punto de partida para ver todo lo demás.

 

El viajero querrá aprovechar para ver el Valle Sagrado al segundo día de llegar. Se trata de un conjunto de poblaciones con ruinas incas. El viaje se realiza en autobus y son infinitas las agencias que ofrecen dicho tour. Por 40 soles un autobus realiza el recorrido principal que tiene su punto culminante en la ciudad de Ollantaytambo.

En este punto, se puede volver a Cuzco con el mismo autobus o aprovechar para coger un tren de Ollantaytambo hacia el Machupichu o incluso hacer noche en esa misma ciudad para ganar tiempo. Si se va justo de tiempo estas dos opciones ahorran tiempo.
El nombre de Machupichu responde a la traducción de montaña nueva y no hace referencia propiamente a las ruinas sino a una montaña que la rodea.  A las ruinas propiamente dichas se les denomina ciudadela y entre ellas hay dos montañas: Machupichu y Huaynapichu.

Tanto a la ciudadela como a ambas montañas se accede desde un pueblo que está  a 25 minutos. Se denomina Aguas calientes y es desde aquí donde acceden todos los turistas, a excepción de aquellos que se alojen en el exclusivo hotel de cinco estrellas a pie de la entrada al Machupichu. Aguas calientes por sí mismo presenta el típico aspecto de un pueblo de montaña, con el encanto de ver a cientos de turistas de todas las nacionalidades. Este pueblo es ideal para pasar una noche y acometer al día siguiente el madrugón para disfrutar de todo lo que ofrecen las ruinas del Machupichu.

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Hay dos pagos necesarios para acceder al complejo Machupichu. Un ticket de bus desde Aguas Calientes a Machupichu que cuesta 18 dólares ida y vuelta y el propio ticket de acceso a la ciudadela que cuesta alrededor de 150 soles.
Una vez dentro de la ciudadela, lo ideal es recorrerla con un guía. Por 45 soles se puede conseguir uno y dura alrededor de dos horas. Después se puede caminar por cuenta propia por el resto de las ruinas, con muchísimos rincones y vistas espectaculares que requieren un carrete entero de fotos.

Además de la ciudadela existe la alternativa de visitar el Huaynapichu y el Machupichu. La primera montaña es la más comercializada y requiere una reserva previa de al menos dos o tres semanas. De igual manera se puede visitar el Machupichu. El ascenso no es sencillo. Se tarda entre dos y tres horas de subida y la mitad de bajada pero las vistas que ofrece son sencillamente espectaculares. Ambas montañas tiene un precio aparte.
La vuelta pasa nuevamente por Cuzco para coger de ahí el vuelo a Lima si es que el viajero continua por esa ciudad su viaje.

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