El legado de España: historia y cultura

Hace poco asistí a una exposición gratuita del pintor Joaquín Sorolla, organizada gratuitamente por Mapfre y con gran asistencia de público gracias a la presencia de importantes obras del pintor. Para quien no lo sepa, el pintor valenciano fue referencia en su siglo, uno de esos pocos casos de pintores de éxito en vida, y un icono en Estados Unidos, donde triunfó de la mano de un mecenas que se enamoró de su pintura.

 El caso de Sorolla es solo uno entre cientos de artistas y personalidades de nuestro país que a veces pasan de puntillas sobre la información pública, especialmente de la gente más común. Pero la realidad es que la historia y cultura de España son incomparables, con solamente unos pocos países como Italia, Francia o Inglaterra capaces de rivalizar en calidad y cantidad.

 A diferencia de esos países, en España no hemos sabido valorar nuestra historia adecuadamente. Como una de las naciones más antiguas del mundo vimos nacer el primer parlamento de la historia, en León, en 1188, pero sobre protagonizamos el descubrimiento y conquista de un continente, hecho único y especial en la historia del mundo.

 A esas hazañas y a muchas otras no se le han dado la importancia y relevancia que tuvieron. Si España hubiese tenido la industria cinematográfica de Estados Unidos o la influencia de Inglaterra, los nombres de todos esas personalidades serían conocidas en todo el mundo y repetidas sin cesar.

 Por ejemplo, se ha tardado más de tres siglos en reconocer la figura del indomable y valiente Blas de Lezo mientras que cualquiera conoce al Almirante Nelson. Por fortuna, su estatua ya luce en la plaza de Colón, para escarnio, por cierto, de los secesionistas catalanes, que aprovechan cualquier hecho de la historia para tergiversarlo y manipularlo a su gusto.

 Pero es que además, no solo no hemos sabido vender nuestra historia sino que hemos vivido acomplejados a torno a una Leyenda Negra creada por nuestros enemigos. En la misma época en que España conquistaba y mantenía las tierras en medio mundo, producía literatos como Lope de Vega, Góngora, Quevedo o Cervantes. Ahora que recientemente se cree que se ha descubierto la tumba y los restos de este último, se podrá utilizar para seguir atrayendo turistas y vendiendo la imagen de España.

 Porque lo cierto es que España es su historia, su pintura, su literatura y sus ciudades. Cada una de ellas, cada provincia, bien podría ser un Washington,  porque mientras que aquella apenas tiene pocos siglos de historia y un par de edificios, nuestras ciudades tienen muchas de ellas un par de milenios y decenas de iglesias, monumentos e  infinita historia por contar.

 Al menos parece que por fin se ha salido del letargo, promoviendo series como Isabel o el Ministerio del Tiempo, honrando a nuestros héroes y promoviendo a nuestros artistas. Los gobernantes tienen el deber de promover la cultura e historia de nuestro país y los ciudadanos la responsabilidad de conocerla y apreciarla.

Y eso, porque somos parte de nuestra historia y cultura como pueblo. Nuestra idiosincrasia nos remite muchos siglos atrás, siendo parte inherente de lo acontecido en cada siglo. Tenemos un poco del orgullo de los gloriosos tercios españoles, parte de la famosa picaresca que relata Cervantes, mucho de la capacidad de disfrutar de la vida con un buen vino y una fiesta y también mucho de la frustración de la pérdida de las últimas colonias en el 1898. Somos corresponsables de haber permitido durante toda la historia gobiernos incompetentes (los actuales y los de siglos pasados como Fernando VII) y también cómplices y partícipes de nuestras miserias, a través de guerras fratricidas y de envidias generadas.

 Pero sobre todo somos un pueblo vivo, que evoluciona con los siglos, que tiene, mal que les pese, o mal que nos pese, una historia sin igual. Con sus grandezas y sus miserias; con sus gestas y sus fracasos; con sus gotas de gloria y sus gotas de amargura. No podemos renunciar como pueblo a esa historia y al contrario, debemos recordarla para ensalzar lo bueno y evitar lo malo y seguir evolucionando. Y si lo hacemos, mantendremos viva la memoria de personajes como Cervantes, Ortega y Gasset, Magallanes, Blaz de Lezo, Colón, Carlos III, Unamuno, Picasso, los Reyes Católicos, Velázquez, Pizarro, Goya, Ramón y Cajal o Hernán Cortés, por citar solamente unos poquísimos.

Ciudadanos avanza con paso firme

Según la última encuesta de Metroscopia y según las tendencias de varias otras, parece que Ciudadanos ya ha llegado donde quería llegar hace no tanto. Desde hace meses venía repitiendo a amigos y conocidos que solamente era una cuestión de tiempo que Ciudadanos y especialmente Albert Rivera se diesen a conocer.

 Escuchar al líder catalán en el Parlamento catalán o en cualquier medio televisivo es suficiente para valorarle como un auténtico líder, alguien fresco, capaz y comprometido. Su mayor aparición en medios pero sobre todo el pistoletazo de salida a nivel nacional de su partido, ha propulsado la intención de voto de muchos y sobre todo su figura.

 Fue, en mi opinión, el programa del Hormiguero con una audiencia de más de 7 millones, la que empezó a proyectar la figura de una persona poca conocida a nivel nacional. Pero como apuntaba arriba, los que le habíamos escuchado sabíamos que era difícil que escuchándole sin prejuicios y atentamente, no encandilase con sus propuestas sensatas y argumentadas.

 Y así está ocurriendo, ya que en apenas dos meses el partido ya aparece como potencialmente capaz de obtener una mayoría simple. Y eso, que según la última encuesta de Metroscopia a Albert Rivera solamente le conoce un 78% de la muestra encuestada. Frente a un 100 %, 98%  y 95% de Rajoy, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez respectivamente.

 Así pues, el margen de mejora es elevado todavía y Albert Rivera, pero también Ciudadanos como partido tienen que seguir explicando sus propuestas. Parece evidente que la figura del líder catalán tiene una fuerza casi desconocida hasta ahora en el panorama política, con una valoración muy positiva, muy por encima de cualquier otro candidato. Su figura es altamente presidenciable y así lo valoran muchos ciudadanos en unas eventuales elecciones generales.

 Ahora bien, Ciudadanos tiene como tarea pendiente proyectar al resto de sus líderes a escala nacional. No falta gente convincente y capaz, que representen los valores que a  muchos nos gustan del partido: honradez como un valor indispensable, capacidad, frescura, concepción de la política como un servicio público y no como un medio de vida, formación e inteligencia. Todos ellos valores que se encuentran en algunas personas de Ciudadanos como Carolina Punset, la candidata valenciana; los candidatos a Madrid, Begoña Villacís e Ignacio Aguado; los creadores del programa económico Garicano y Conthe o los europarlamentarios Girauta y Javier Nart.

 Pero ese elenco de nombres no es suficiente en un partido que aspira a cientos de puestos de gobierno en Comunidades Autónomas y Municipios y a un buen puñado de escaños. La labor de la cúpula del partido, que es seguro que ya se está produciendo, debe ser la de buscar a todas esas personas que cumplan con esos valores y que además estén de acuerdo con el programa del partido.

 Se necesita un partido que tenga como  objetivo no ya gobernar el país, sino hacerlo con todos esos valores por delante. En la medida en que la ciudadanía vea a sus representantes como políticos 100% comprometidos con esos valores de honradez, competencia y capacidad, es posible que la propia sociedad se vaya transformando.

 Si por el contrario, los ciudadanos perciben que los gobernantes son corruptos y no son ejemplo de nada, harán dejación de funciones y difícilmente cumplirán o harán cumplir las leyes.

 Por tanto, en la ejemplaridad está la virtud y por eso Ciudadanos no se puede permitir pasos en falso. No basta con tener un Albert Rivera como ejemplo de todos los valores descritos, sino que se requiere que el partido se rodee de cientos  y millares de personas que compartan esos valores. Y de ahí se impregne a la ciudadanía.

 Solamente así, a base de permeabilizar a la sociedad esos valores de educación y respeto al adversario político, capacidad de pactar por un interés nacional, honradez por encima de todo y transparencia absoluta, los ciudadanos nos sentiremos identificados e incluso obligados a actuar de la misma manera.

 Se puede reformar y regenerar España pero solamente se podrá hacer a través de la exigencia total a políticos y conciudadanos.

Jim Carrey y la oportunidad de los sueños

Detrás de la figura de Jim Carrey puede parecer que solamente hay un histriónico y alocado personaje. Evidentemente durante todos estos años el actor ha forjado esa imagen a propósito. Pero lo que no sabíamos es que parte de su “yo comediante” tiene mucho que ver con el pasado de su padre y su propio fracaso.

Del discurso de un minuto que pongo a continuación me quedo con esta frase:

“Si puedes fallar en hacer lo que no quieres también puedes darle una oportunidad a hacer lo que más amas”

Lo que quiere decir que al menos hay que darle una oportunidad a nuestros sueños.

 

Ciudadanos y el cambio sensato

Se presenta Ciudadanos con el lema de “El Cambio Sensato”. Y yo añado, que ese cambio también comprende propuestas valientes e innovadoras. No tanto porque sean nuevas dentro del panorama internacional sino porque van contra dogmas e ideas preconcebidas en España.

Se requieren partidos y líderes políticos que se atrevan a cambiar lo que funciona mal en nuestro país. Son muchas las cosas y todos las sabemos, incluidos los dos principales partidos en el poder, PP y PSOE: separación de poderes, medidas anti corrupción, renovación, etc… El problema es que existe una evidente resistencia al cambio, también hasta hace no tanto entre los ciudadanos.

Por eso es tan importante las nuevas propuestas que rompan los actuales moldes, especialmente en lo que se refiere a medidas económicas y sociales. El modelo económico y social tal y como está concebido en nuestro país no es viable. Lo explicaba perfectamente el economista de referencia de Ciudadanos, al hablar de modelos cíclicos basados en la construcción.

El modelo debe ser la innovación y al mismo tiempo debemos tomar como referencia el de los principales países de Europa en materia educativa y social.

Es la hora de realizar un cambio profundo de España, sensato pero valiente.

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Una nochebuena diferente

Solo necesito algo de tranquilidad, un cierto aire melancólico y un vanilla latte del Starbucks a 4 euros para transportarme a una navidad de película triste americana. Bueno, y un ordenador. Y bueno, también wifi. Y sí ganas de escribir, pero eso el aburrimiento lo soluciona. Desde el aeropuerto de Amsterdam escribo estas líneas ya navideñas, sabiendo que no celebraré la Nochebuena con mi familia, sino en el aire, en mitad de la nada.

 Mientras, la espera está trufada de sentimientos encontrados. Observo a la gente a mi alrededor igual de aturdida, supongo que cada uno por circunstancias distintas, contemplar un aeropuerto semi vacío pero repleto de adornos navideños.

La música típicamente festiva suena más deprimente que de costumbre. Por instantes me veo en blanco y negro, recordando una de mis películas navideñas favoritas, aquella en la que el bueno de James Stewart sufre mas que nadie en unas navidades que primero parecen aciagas pero que luego se tornan inmensamente emotivas.

Una guapa camarera holandesa que te sonríe mientras te cobra los 4 euros del café y te desea unas Merry Christmas; un árbol navideño a la entrada de un baño o un niño con un gorrito de papá Noel. Todos ingredientes de esta curiosa modalidad de pasar la nochebuena, quizá el día más familiar del año, entre desconocidos.

 Pero como en ‘Qué bello es vivir’, en cualquier momento lo triste devengará en alegre, lo difícil en fácil y la nieve pasará de ser fría a ser acogedora. Solo hay que esperar al ángel o al menos creer en él. Eso es en realidad lo que espero, que esta pequeña tristeza de no encontrarme en mi hogar me devuelva más felicidad futura, Y sino, siempre quedarán más nochebuenas y más navidades. Quizá incluso demasiadas.

¿Y si España sí es Venezuela?: caso Podemos (i)

Cuesta mucho comparar la España actual, con su crisis galopante actual con esta Venezuela, que sino es una dictadura de iure si lo es de facto, con un país hundido económicamente, con un poder político corrompido, sin oposición democrática ni de prensa.

Pero España no es Venezuela ni Venezuela era Cuba, algo que ya he visto repetido en varios blogs, comentado por exiliados de ese país. ¿Y sí aquella Venezuela pre-Chávez se parecía a esta España pre-Iglesias? ¿Y sí es posible que con Podemos estemos aún peor?

Creo que la mera posibilidad de que eso suceda, teniendo como argumento base el hecho indiscutido de que la historia es cíclica, merece un análisis serio del nuevo partido y de sus dirigentes. A los de ahora, al PP y al PSOE ya les conocemos.

Cuando tuve noticia de Podemos por primera vez, a miles de kilómetros de distancia, lo hice a través de las noticias. Un nuevo partido había emergido con inusitada fuerza con 5 escaños. El nombre era ilusionante, el espíritu del partido parecía aglutinar la indignación ciudadana y las mejores ideas y el líder resultaba una persona comunicativa, culta y con ideas. Hasta ahí, la impresión fue positiva, a simple vista, sin indagar demasiado, de una manera superficial.

Desde hacía tiempo hacía falta un partido con gente de ámbitos profesionales, universitarios y del mundo de la empresa privada, que diese otra imagen, que tuviese un aire fresco, las ideas claras y afán de cambiar un país en descomposición. Tenían mi simpatía y me decidí a seguir de cerca a ese líder carismático y las propuestas de su partido.

Y ahí empezó a gestarse mi desilusión. Todavía no me había manipulado ningún medio antipodemos ni nadie me había hablado del malvado Iglesias. Simplemente por mi cuenta hice lo que todo ciudadano que quiera estar informado debe hacer. Primero leí el programa electoral y después lei datos sobre la biografía de Pablo Iglesias.

De lo primero saqué la idea de que las propuestas principales resultaban en extremo utópicas. Medidas contrarias entre sí, irrealizables en una economía de mercado. Garantizar una renta básica para todos y bajar la jubilación a los 60 a la vez que se pretendían mejorar todos los servicios sociales básicos y todo ello con la simple medida de incrementar impuestos a los ricos y eliminar el fraude fiscal me pareció utópico. Mi primer pensamiento fue que si fuese así de simple los países no tendrían las crisis que tienen. Demasiado fácil.

Luego leí lo referido a la quita de la deuda y a la idea de las nacionalizaciones y no pude evitar sentir una cierta desazón ante lo que entonces consideré medidas fuera de la realidad, fuera del contexto económico actual, y ciertamente peligrosas de aplicar en una economía de mercado. Algo ya visto en Argentina o Venezuela donde las empresas que no tienen seguridad jurídica no invierten, provocando a la postre el empobrecimiento de esas sociedades.

Fue entonces cuando me topé con la figura de Monedero y con decenas de vídeos suyos defendiendo, justificando y alabando las políticas de Chávez. Sus pertinaces defensas del chavismo, su ideario político abiertamente comunista  y en favor de una revolución bolivariana me hizo pensar en si Podemos era un partido solo de cambio u otra cosa.

Pero fueron las propias intervenciones de Pablo Iglesias las que me terminaron de convencer. Eran múltiples las alabanzas y loas a un sistema como el venezolano. Como si el comandante fuese una especie de Dios de la democracia, el líder de Podemos aparecía no en uno, ni dos, sino en muchos vídeos lamentando la pérdida de un “democráta ejemplar” y alabando hasta el infinito su figura.

Fue luego cuando me di cuenta de que ambos utilizaban un lenguaje similar. Mientras que Chávez hablaba de “la Cúpula,” él hablaba de “la Casta”, si el mandatario había alabado las expropiaciones, él hacía lo propio. Al final del camino lo que hay es una estrategia similar. Mismos mensajes.

Dos estrategias similares con matices para situaciones diferentes pero con un mismo objetivo, la asamblea constituyente. Ahí acabarán y comenzarán los verdaderos males para nuestro país. Cuando se abra definitivamente el melón de la constitución y se permitan modificar artículos esenciales que todavía dan algo de cordura y estabilidad a nuestro país, será cuando haya más gente que empiece a pensar que quizá no seamos tan diferentes a Venezuela

España hoy no es Venezuela pero tampoco somos Suecia, con una democracia con mas de 90 años.

Venezuela: antes y después

Venezuela con Chávez: algunos datos

La miopía de UPyD

1416079966_123691_1416082307_noticia_normalEl anuncio de que UpyD y Ciudadanos no concurrirán juntos a las próximas elecciones es mala noticia para muchos de los simpatizantes de ambos partidos y también para España.

 Dando por válidas las razones del partido magenta y asumiendo que ambos partidos han actuado con buena fe y que la opinión de UPyD es la opinión de su cúpula directiva, y no solo de Rosa Díez, lo cierto es que lo que podría haber sido una situación de claro beneficio para ambos (win& win evidente) ahora será un escenario totalmente novedoso.

 Ya en las últimas encuestas se reflejaba una mayor intención de voto hacia C´s, tras un claro desgaste del partido de Rosa Díez, y un auge evidente de la figura de Albert Rivera. En ese escenario UPyD tiene mucho más que perder que ganar, con una clara tendencia a la disminución del voto.

 Pero el drama no es la pérdida de voto sino el no ser capaz de velar por un fin mayor y permitir que algunos obstáculos impidan un fin superior, que es formar un partido capaz de aglutinar los votos de aquellos que no quieren votar a los decadentes PP o PSOE ni a los nuevos pero populistas partidos como Podemos.

 Ese debía ser el principal objetivo de las reuniones y no centrarse en detalles o aspectos concretos de ambos partidos. Es que muchas de las conclusiones que menciona UPyD son interesantes y deberían ser analizadas a por la cúpula de Ciudadanos. Lo cierto, es que la propia unión con UPyD habría resuelto muchos de estos problemas al fusionarse con una estructura ya asentada en España, con un marco estatutario y unas reglas de funcionamiento propicias.

 Seguramente Albert Rivera haya visto la necesidad de acelerar todos los pasos. A 6 meses de las elecciones municipales, las anticipadas catalanas y las generales, el tiempo ahora mismo apremia. Los retos que afronta España son actuales y requieren ya mismo una actuación conjunta. El problema territorial con un gobierno secesionista en Cataluña, el auge de Podemos como un partido y la propia situación de España, agotada, sumida en una crisis profunda económica, social, democrática y política son asuntos que se deben abordar sin dilación.

 Y la respuesta de la ciudadanía a esos retos se va a decidir en los próximos meses en las urnas de toda España. Y para eso tiene que haber un partido en el que la gente indignada y desesperada encuentre soluciones que no sean desesperadas, y recetas que no huelan a viejo. Ese era el marco de un acuerdo de UPyD y Ciudadanos.

 Era la hora de dejar de lado diferencias, discrepancias de actuaciones y sumarse por un fin superior, la creación de una tercera vía, indispensable para este país.

 

 

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