Corrupción va, corrupción viene

La corrupción existe como tal desde que existe el poder. Es decir, su existencia se remonta al origen de las organizaciones sociales y políticas. El Imperio Romano ya sufría esta lacra social e intentaba numerosas leyes para evitarla. Nada nuevo bajo el sol. Lo que afrontamos ahora es la oportunidad de combatirla mediante todos los medios posibles. Las comunicaciones globales, la conciencia social y la existencia de órganos que combaten esta lacra, permiten combatir algo inherente al poder.

En España, parece que vivimos en los últimos tiempos sumidos en una ingente crisis de corrupción. Casos diarios y semanales en todo tipo de personas que tocan o han tocado poder. Los nombres no se acaban con las siglas de los partidos y alcanzan a personas de todo el ámbito económico y social.

La corrupción se ha instalado como uno de los males más grandes percibidos por los españoles, aunque cuando uno repasa lo que ocurre en otros países, estamos muy lejos de los niveles verdaderamente preocupantes.

Y a pesar de todo, tenemos una oportunidad, histórica, de transformar nuestro país y convertir al corruptor y al corrompido, por fin en ciudadanos indignos. Algo que hace tanto no pasaba, y de ello dan fe numerosas votaciones de las que han salido triunfantes alcaldes y líderes ampliamente corruptos.

Ahora, no obstante, la visión es distinta, y la indignación entre la gente y la sociedad es patente, con numerosas denuncias de medios de comunicación. La dimisión, por ejemplo, del ministro Soria, es un hecho, que seguramente antes no se habría producido. Dimite el ministro, en realidad por mentir. No sabemos la dimensión de sus off-shore, pero antes de que se sepa, el escándalo por sus mentiras es tal, que de alguna manera se le obliga a mentir.

Si los políticos empiezan a tener sobre su cabeza la espada de Damocles cada vez que sean sospechosos de corrupción, tendrán en adelante más cuidado o directamente renunciarán a intentar aprovecharse de la situación de poder.

Esa es la buena noticia, que la corrupción ya no sale gratis, que el poder judicial funciona, así como el poder policial, pero sobre todo funciona el poder social, la presión de la sociedad reclamando limpieza a nuestros líderes.

Ellos deben ser ejemplares en sus labores y nosotros debemos serlo también, exigiendo esa ejemplaridad. Lo contrario nos llevará a la podredumbre sistémica. Ya lo decía tácito hace 2000 años: ” Si el vaso no está limpio, lo que en el derrames se corromperá”

España frente al abismo o frente a la oportunidad

España se enfrenta a un momento crítico en su historia, otro más. Y es que cada cierto tiempo nuestro país se asoma al precipicio, a veces con consecuencias funestas, como la etapa de 1931-36, por momentos tan parecida a la etapa que vivimos ahora.

Nos encontramos en un punto que puede ser de no retorno, con el país sumido en una grave crisis territorial, una severa crisis social, que ya se prolonga durante más de un lustro y una crisis política que se puede ver aún más reflejada si no se logra un gobierno estable. A ello se le puede sumar una crisis económica si todo lo anterior se precipita y teniendo además en cuenta el entorno internacional. La economía busca estabilidad y ninguna de las condiciones anteriores lo garantiza.

En ese contexto, el país necesita un acuerdo entre los partidos que precisamente coinciden en defender los pilares que han supuesto el mayor progreso en la historia de nuestro país: una constitución estable (la 8ª en 200 años), la pertenencia a la Unión Europea, el estado de bienestar y la pertenencia a un país unido de corte autonómico.

Y eso lo representan tres partidos, PP, PSOE y Ciudadanos, que juntos representan a más de un 70% de la población y una mayoría absoluta en el Parlamento con más de 250 escaños.

Cualquier otra opción conlleva el pacto con partidos independentistas o antisistema o partidos que defienden un neocomunismo, imposible de implantar hoy en día, y con un historial de fracasos del 100%.

Lo que se presenta ahora es una oportunidad para lograr un gobierno estable que conforma a dos fuerzas históricamente antagónicas como PP y PSOE pero ambas promotoras de los principales cambios y avances para el país. Con el impulso añadido de Cs para promover nuevas reformas conforman no solo la alternativa menos mala sino una opción incluso óptima.

Se trataría de un acuerdo histórico, a la altura de los pactos de la Moncloa. Un paso necesario para superar los grandes retos que afronta España. Y un escenario idóneo para afrontar de una vez por todas temas tan importantes como una ley de educación para una década,como mínimo, acuerdos de estado en materias como innovación, modelo económico y grandes reformas como la ley electoral y la opción de modificar la constitución y mejorarla.

Lo contrario es repetir la historia y poner el futuro del país en manos  de partidos que desea romper España y que proponen promesas imposibles. Es la hora de los grandes políticos, de olvidar los intereses personales y anteponer los intereses del país a los del partido.

Dijo  Churchill, que perdió unas elecciones tras ganar la segunda mundial:

El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones

Fin del sainete de Mas y la CUP

El sainete de CDC y la CUP pasaría a la historia como uno de los episodios más graciosos y esperpénticos de nuestra historia sino fuese porque España se juega su futuro político, económico y geográfico. Los no temerosos e inmovilistas olvidan nuestra historia, primera fuente de consulta para saber a dónde vamos y quiénes somos. Pues somos los del Cantón de Cartagena en 1873, por no mencionar la mucho más cercana y preocupante guerra civil.

Pero como decía sabiamente Bismark, España durante siglos (y lo que él no vivió) habismark tomado malísimas decisiones en un proceso cainita de autodestrucción nefasto. También hemos tenido nuestros aciertos, y fruto de ello han sido los últimos años de gran progreso y prosperidad en toda España.

Sí, también en Cataluña, ahora endeudada y en quiebra por la incompetencia de sus gobernantes, pero antes próspera, y todavía un lugar al que la Constitución le confirió todos los derechos y libertades posibles.

Hasta que apareció la corrupción en masa, la necesidad de taparla y la necesidad de seguir robando y engañando al pueblo de otra manera. De una manera mucha más cercana, a través de una República Catalana. “Si, me van a robar, que me roben los míos”, pensarán algunos. En ese problema de identificación de quiénes son los míos y de que es lo mío radica gran parte del problema en este reto de secesionismo. Porque para un español cualquiera, tan suyo es el norte de España, como el sur, como las regiones de Cataluña o las regiones insulares. Da igual donde nazca, donde viva y donde muera, es español para toda España (o debería de serlo).

Pero eso no se entiende, o no se quiere entender, y mediante oportunos eufemismos como el derecho a decidir o la desconexión se ha conducido a toda una región de España, una de las más pobladas y que debería ser de las mas prósperas, a una situación de no retorno.

Para ello, para lograr ese fin último de independencia, a pesar de no tener en cuenta ninguna de sus consecuencias, los secesionistas han hecho todo tipo de cabriolas. El fin superior, la emancipación de un estado colonizador que les roba y les oprime, es mayor que la propia ideología. El fin superior es mayor incluso que la propia realidad de una región que goza de un autogobierno sin precedentes en Europa y en la mayor parte del mundo. El fin superior es mayor que todo lo demás, incluido este ridículo absoluto.

Y si hay que sustituir a Mas por otro igual pero con más pelo, Puigdemunt, pues se hace. Y sí previamente hay que preparar un paripé en forma de asamblea consultiva, se hace también. Y si por el camino es necesario sacar urnas de cartón y gastarse millones de euros en publicidad, tampoco hay problema. Y sí es necesario sacar un comunicado donde la CUP renuncia a todos sus principios, evidentemente se hace. El fin mayor todo lo justifica, hasta sus propias mentiras, incoherencias históricas, cálculos económicos y por supuesto principios morales.

Puigdemont, alcalde de Gerona
Puigdemont, alcalde de Gerona

Un votante cualquiera de CDC no se sentaría en la misma mesa que uno de la CUP, ni siquiera para compartir un café. Ni aunque les invitase a los dos un madrileño. Probablemente ni caminasen por la misma acera porque se darían asco mutuo.

Pero  sus dirigentes sí están dispuestos a compartir algo mucho más importante y trascendental, el objetivo común de conducir a Cataluña hacia la independencia. Que el resto de España no esté de acuerdo ni la mitad de los catalanes quiera ese estatus da igual. Como tampoco importa que cuando lo tengan  se vayan a matar a tiros por sus gigantescas discrepancias ideológicas. Todo eso es secundario, lo importante es el fin superior. Ya resolverán esos problemas y otros tan menores como la economía, las deudas, las relaciones fronterizas con España, la pertenencia a la U.E, la quiebra social…

La promesa “divina” de un nuevo estado es más fuerte que todo lo demás. Dios, que será catalán, supongo, les guiará sabiamente a ese nuevo mundo limpio, sin corrupciones y sin crisis económicas. No sé si para ello contratará al de las inundaciones más el arca de Noé para limpiar la podredumbre rampante y arrasar con todo; o si por el contrario tirará por la opción fácil y les comprará a todos los independentistas máscaras para los ojos, tapones para los oídos y pinzas para la nariz. Aunque pensándolo mejor, si no las han necesitado después de todo lo que les ha robado Puyol, uno de los profetas del nuevo estado, no creo que las necesiten en el futuro.

 

 

El futuro ya está aquí

Tengo la sensación de que el futuro se nos viene encima de un momento a otro. Hablo de ese futuro que tantas veces nos han mostrado con películas de ciencia y ficción. Un futuro de robots inteligentes, un futuro de cuerpos clonados pero también un futuro de grandes catástrofes.

Todo parece indicar que estamos en este mismo momento en un punto de inflexión, previsiblemente de no retorno, ante el cuál la humanidad tendrá el gigantesco reto de adaptar sus principios y convicciones.

Se tratará de intentar cumplir las tres reglas robóticas de Asimov pero también de saber controlar nuestro poder curativo y compaginarlo con nuestra moral y en última instancia de readaptar las migraciones del planeta.

Un reto absolutamente gigantesco que ahora mismo nos es difícil de imaginar. Todos los grandes inventos de los últimos tiempos, que verdaderamente cambiaron nuestra forma de vivir y de pensar se produjeron antes  de la era tecnológica: la electricidad, el agua corriente, el coche, el avión, el teléfono, la televisión, el frigorífico….Y luego internet, que es una forma de comunicación extraordinaria. Pero apenas estamos tocando con la punta de las yemas ese futuro de cambio. ¿Alguien cambiaría Internet por el agua corriente o por el frigorífico o por la electricidad?

Podríamos decir que estamos dentro de la primera revolución tecnológica, a las puertas de la segunda, vislumbrando apenas los grandes cambios para la humanidad. El uso de la tecnología es exponencial, y eso explica que lo que hoy es normal, hace 10 años fue imposible. Y eso mismo es lo que me hace pensar que estamos muy cerca de un cambio tecnológico total.

En esta nueva era no solamente veremos coches y otros transportes tripulados de manera autónoma o robots, sino que asistiremos a cambios que solamente hemos imaginado a través de películas en todos los órdenes de la vida: transporte, salud, comunicación, estilo de vida… Desde nanopastillas para controlar la salud hasta nuevos medios de transporte mucho más rápido pasando por supuesto por nuevas tecnologías de la comunicación.

Si el ferrocarril o el conocimiento de metales como el acero revolucionaron el mundo y cambiaron la manera de la gente de vivir, ahora lo hará la tecnología.

¿El voto útil, para qué?

Tras el debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera de ayer, tengo pocas dudas de que la candidatura de Ciudadanos y de su líder es más sólida que nunca. Podemos seguirá perdiendo fuerza y es posible que tras lo de ayer pierda varios miles de votos mientras que mucho votantes dubitativos de PP y PSOE empezarán a valorar la posibilidad de votar a Albert Rivera.

Quedan apenas dos meses para unas de las elecciones generales más relevantes y disputadas de la historia de España. Las mayorías absolutas parecen finiquitadas y el bipartidismo dominante tiene que afrontar la irrupción de nuevos partidos, gracias principalmente a su pésima política y gestión ante la crisis, puesta de manifiesto primero con Zapatero y después con Rajoy.

Así pues, el círculo se va cerrando y a las candidaturas de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez se suma con cada vez más fuerza la de Albert Rivera. Mucho más alejada parece la opción de Pablo Iglesias que cada vez se muestra más como un competidor de IU que otra cosa. Al fin y al cabo, ambos representan la vieja idea comunista aunque con matices y estilos diferentes.

Descartado el comunismo como modelo viable para regenerar el país y descontados los escaños nacionalistas dentro del arco parlamentario, tres fuerzas, representativas de la derecha, centro e izquierda, se presentan como alternativas.

Habitualmente se ha invocado al voto útil, es decir, el voto que va a favor de la corriente mayoritaria, para evitar desgastar al partido predominante. Dicho de otra manera, el PP propugnaría un voto útil de muchos posibles votantes de Ciudadanos, para evitar la llegada al poder del PSOE y un eventual pacto con Podemos. Y de igual manera, el PSOE piensa que el voto útil de los votantes desencantados que se han ido a Podemos o a Ciudadanos, evitarían un nuevo gobierno de la derecha.

¿Pero que pasa con los que ni quieren este gobierno de la derecha ni tampoco un gobierno de Pedro Sánchez, que es mucho más parecido a Zapatero que a Felipe González? Esos millones de personas son los que durante todos estos años de democracia han ido votando al partido menos malo, unas veces con la nariz tapada, y otras resignados, para evitar males mayores.

Esa ingente masa de votantes a los que les gustaría un partido reformista, que al mismo tiempo que defiende la idea de España sin complejos, valora y potencia la pluralidad y riqueza; un partido que defiende un modelo social y al mismo tiempo propugna ideas liberales en lo económico. Un partido que tiene como vértice de cambio la regeneración y transparencia de las instituciones y la despolitización de la justicia. No sabemos si ese partido será finalmente Ciudadanos aunque su programa se parece mucho. Evidentemente, una cosa es presentar un programa y otra aplicarlo.

El riesgo de que Ciudadanos no sea finalmente ese partido es inferior a las probabilidades de que tampoco lo sean el PSOE o el PP. Nada de lo mostrado por los líderes de ambos partidos, ni por la historia de sus principales miembros ni por sus actitudes ante la necesidad de imponer nuevos cambios nos hace pensar que así sea.

¿Cuál es el voto útil? Y, sobre todo, ¿útil para qué? Para los que creen que Ciudadanos puede representar lo mejor de ambos partidos el voto útil es evidente. Lograr todos esos cambios resulta más fáciles a través de un líder como Albert Rivera, que aúna cualidades que hace tiempo que no vemos en un político español: liderazgo, coherencia, capacidad y carisma.

Luego quizá la realidad nos haga a todos caer del guindo y tengamos que bajar las expectativas. Pero siempre será mejor que te gobierne un Obama que una Sarah Palin.

Cataluña se declara no independentista

Las importantísimas elecciones catalanes de ayer dejaron como resultado una región dividida entre los que reclaman la independencia, el casi 40% que representa Junts Pel Si y los partidos constitucionalistas más Podemos que suponen algo más de un 52% y abogan por seguir formando parte del estado. Entre medias está la CUP, que se ha declarado abiertamente independiente pero que realmente lo hace respecto del estado español y de cualquier estado, siendo como es un partido reaccionario y revolucionario

En este punto, el Gobierno Central tiene dos caminos: o darle más independencia a los independientes para contentarles o pararles los pies. Lo primero se lleva haciendo desde la creación de la Constitución y ha llevado como resultado una quiebra cada vez mayor. Y el segundo camino significa enfrentarse a los independentistas, combatirles legalmente, políticamente y propagandísticamente.

La solución primera incluiría entre otras fórmulas una negociación y diálogo con algunos partidos como el PSOE reclamando un estado federal. No parece que esa solución contente a los independentistas dado que el sistema actual es de facto un sistema federalista. El sistema autonómico ha permitido a algunas regiones más competencias que muchas que tienen en la actualidad forman parte de un estado federal. El segundo camino requiere que por fin el Gobierno y las instituciones combatan sin complejos la independencia, desde todos los frentes.

Son dos caminos que nos puede llevar a dos lugares distintos, porque lo hoy es un 48% de sentimiento independentista, mañana puede ser un 51% y en 6 años una mayoría absoluta. El proceso independentista es expansionista teniendo para sus fines a su favor las instituciones y principalmente la competencia de educación.

Con esas herramientas a su favor es cuestión de tiempo que miles de catalanes quieran ser independientes, y más aún si desde el Gobierno Central no se hace una política clara y concisa de defensa de la legalidad y defensa de esos miles de españoles que ayer votaron reclamándola precisamente.

Ingrato e incoherente Fernando Trueba

Hay una cierta moda entre algunos personajes públicos en aprovechar este momento de caos político para declarar su sentimiento no español. El último caso, Fernando Trueba, que al mismo tiempo que recogía un premio que le reporta 30.000 euros y que es el premio que otorga España como país a las artes cinematográficas, decía: “la verdad es que yo nunca he tenido un sentimiento nacional muy desarrollado, nunca me he sentido español, ni por cinco minutos”

Decir eso en ese contexto es como el invitado que disfruta de un banquete en casa ajena y les dice a sus anfitriones que nunca ha sido su amigo, ni les ha caído bien. Quizá para algunos sea una tremenda muestra de sinceridad lo que es en realidad una evidente falta de respeto y también de coherencia. Y es que Trueba ha recibido del país que no siente más de 4 millones de euros en subvenciones para sus películas. Como el invitado al que reiteradamente le vienen invitando a comer y agasajando con su hospitalidad y cuando ya tiene el buche lleno manifiesta que él está ahí por obligación, que ni siquiera estaba disfrutando la comida.

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Desconozco de que país se sentirá este señor. Admira más a los artistas franceses o flamencos que a los españoles, y mira que precisamente en el arte España poco tiene que envidiar al resto del mundo. Seguramente quiere un país que funcione a la perfección y un mundo sin fronteras, paz y arco iris, mientras eso sí es el primero en acudir a las subvenciones y el último en abrir su casa a los miles y miles de necesitados.

Lo que sí tengo claro es que este señor es tan español como Rajoy, como Mas o como el resto que declaran que no se sienten del país al que pertenecen. Lo quieran o no. Eso sí, podrán sentirse unos altos, otros flacos e incluso algunos inteligentes. Pero el bajo será bajo, el que se cree flaco gordo y el inteligente, estúpido, les guste o no, porque una cosa es lo que te sientes y otra muy distinta lo que eres.

Y de la misma manera que yo podría sentirme sueco o canadiense que a nadie de allí le va a importar ni me van a conceder el pasaporte por ello ni sus ayudas por mi sentimiento hacia su pueblo, que este señor no se sienta español tampoco va a hacer que deje de serlo. Y es que la nacionalidad española no puede perderse a menos que se obtenga otra y se renuncie expresamente, cosa que el señor Trueba podría haber hecho durante sus 60 años de vida.

Lo que si podemos dejar de hacer el resto, especialmente los poderes públicos, es dejar de premiar y valorar a estas personas que no solamente desprecian a nuestro país, es que directamente muerden la mano del que les da de comer. No hay nada peor que alguien desagradecido.

Si quería manifestar su desagradado por el país en el que le ha tocado vivir que hubiese renunciado a todos sus subvenciones y en especial al Premio Nacional de Cinematografía. Así habría dejado de ser incoherente y desagradecido para ser solamente un español que, eso sí, no se siente como tal.

Pacta tú que a mi me da la risa

Con el nuevo panorama política se hacen indispensable en prácticamente todos los municipios y comunidades un pacto entre dos o más fuerzas políticas. Y sin embargo, los pactos parecen lejos, como en Andalucía, con 4 fuerzas políticas mirándose unos a otros de reojo.

Es un escenario en el que pactar supone renunciar a parte del electorado, opuesta al resto de fuerzas políticas. El ejemplo más claro es el de Podemos, prisionero de sus palabras pasadas y ahora una de las fuerzas claves para crear mayorías absolutas. Con su apoyo podría gobernar junto con el PSOE. Sería una alianza de izquierdas, no tan inhabitual aunque si peligrosa desde el punto de vista estratégico para ambos partidos.

Para Podemos, o al menos sus votantes, el PSOE debería seguir siendo casta. Y pactar con ellos significa entrar en ese juego y reparto de dádivas. Y para los votantes del PSOE, los más moderados especialmente, un pacto con una fuerza radical de izquierdas supone renunciar a gran parte de los principios fundadores de los socialistas.

En el otro lado, el PP lo tiene mucho más difícil. Como partido en el gobierno es el rival a batir (y el batido). Su confrontación total con Podemos hace imposible un pacto de ningún tipo. Y a la vez, tiene en el PSOE a un rival más estratégico que ideológico porque finalmente las políticas no difieren tanto, y eso es algo que se ha visto en los últimos gobiernos.

Ciudadanos se presenta como un aliado factible tanto del PP como del PSOE, siendo de los 4 el partido más moderado. Y sin embargo, pactar con los dos partidos que han provocado el desastre en España, significa también ceder a los principios fundacionales del partido. El decálogo de medidas que se pretende imponer además de inasumible por ambos partidos pudiera no ser considerado como suficiente por muchos votantes.

Por tanto lo que queda son alianzas puntuales en algunas regiones y gobiernos con mayorías simples con acuerdos tema a tema, obligándose a consensuar cada decisión. Eso tiene el peligro de ralentizar la toma de decisiones pero la ventaja de obtener mayorías sustanciales y acuerdos necesarios para que la política no se convierta en un ejercicio donde desde la oposición se critica lo que luego se va a ejecutar cuando no se gobierne.

¿Hay vida ahí fuera? (iii)

Hace bastante tiempo escribí dos artículos, este y este, sobre la posibilidad de que exista vida en el universo. Como mi ignorancia en este tema es infinita y el tiempo que he dedicado a descifrarlo pequeño, suelo leer todo lo que cae en mis manos sobre este tema.

El otro día me topé con un artículo completísimo sobre este tema y quería simplemente compartirlo. Para los que tienen algún tipo de inquietud sobre el entendimiento del universo y su inmensa complejidad aquí algunas posibles respuestas:

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