La historia frente a nosotros: ¿ganará Trump?

 

La historia del mundo se ha movido por el interés de los pueblos y de las civilizaciones por encontrar su sitio y normalmente una vez logrado, expandirse. Así, la lucha por la hegemonía mundial ha sido constante. Durante siglos hemos visto la sucesión de grandes imperios, desde su creación hasta su desaparición: el imperio romano, el imperio español, el gran imperio chino o el mongol, el imperio inca o el maya.

Mediante luchas entre ellos o contra otros, o desde su propia destrucción interna por agotamiento económico y social, llegamos hasta la lucha mundial entre potencias. Eso es lo que fueron la primera y la segunda guerra mundial. La lucha por el espacio y por la hegemonía mundial. Estadounidenses, alemanes, franceses, ingleses, rusos, británicos, japoneses, turcos y chinos, a grandes rasgos las grandes potencias de los últimos tiempos, con la exclusión de una España que a finales del siglo XIX perdía toda posesión exterior y casi todo el afán por recuperar un imperio añorado.

 Los países habitualmente involucrados en las grandes guerras del Siglo XX fueron Estados Unidos, Japón, Rusia y luego el resto de Europa, con Francia, Alemania y Gran Bretaña, pero también actores secundarios como Italia o Turquía. El siglo XX encontró esa lucha total entre imperios pero también entre ideologías, con la derrota primero del fascismo y después del comunismo, ya en la segunda mitad del siglo.

 El siglo XXI y los últimos 30 años desde la caída del muro de Berlín han supuesto un avance sin precedentes en la historia. A partir de la construcción de instituciones mundiales en el siglo anterior, con una paz duradera entre las grandes potencias, se ha impuesto la globalización y un crecimiento económico sin comparación con años y décadas previas.

 El mejor ejemplo de ello ha sido la Unión Europea, que a pesar de sus múltiples dificultades y de sus avances y retrocesos, ha sido una unión de facto y un motor que ha logrado el objetivo de unir a países, otrora antagónicos, en la toma común de decisiones.

 Cuando Fukuyama pronosticó el fin de la historia debía pensar en algo como lo que efectivamente sucedió durante la primera década posterior a la caída del muro. El fin de la historia como el triunfo de la democracia liberal contra el comunismo y los nacionalismos, y el fin por tanto de la guerra entre las grandes potencias para resolver los problemas.

 A grandes rasgos, su gran premisa parecía cumplirse, hasta ahora. La democracia liberal y la economía de mercado parecían las únicas alternativas viables. El avance de la humanidad a través de los siglos hacia la modernidad y hacia el actual estado liberal parecía en su etapa final, obviando muchas de las excepciones que señalaba el propio Fukuyama, como los países africanos. Así lo definía en un párrafo:

 “El fin de la historia será un momento muy triste. La lucha por el reconocimiento, la voluntad de arriesgar la propia vida por una meta puramente abstracta, la lucha ideológica a escala mundial que exigía audacia, coraje, imaginación e idealismo, será reemplaza por el cálculo económico, la interminable resolución de problemas técnicos, la preocupación por el medio ambiente, y la satisfacción de las sofisticadas demandas de los consumidores”

 Llevamos más de 30 años desde la caída del mundo experimentando ese fin de la historia, en el cuál Europa fue cada vez más fuerte y estable, Estados Unidos colaboraba con países otrora enemigos como Rusia o China, y en definitiva las grandes instituciones mundiales promovían esa paz, ese fin, preocupados esencialmente por aspectos de índole económico.

 Y de pronto, múltiples factores parecen amenazar esa paz entre las grandes potencias. Prácticamente todas esas grandes potencias están hoy mucho más cerca que ayer de un posible gobierno populista, y por tanto, susceptible de provocar con sus políticas y con sus actitudes, posibles efectos en cadena.

 El nacionalismo como movimiento contrario al actual estado de globalización, que es la mayor representación de la democracia liberal, en tanto en cuanto, todos los sujetos pueden disponer de plena libertad económica y de información. El Brexit es el primer gran movimiento aunque solo es un síntoma más, que significa que el Reino Unido se desvincula del principal proyecto mundial de unión de los pueblos, la Unión europea.

 Los grandes países, los que históricamente han motivado los grandes cambios sociales y tecnológicos, pero también promovido las grandes guerras, parecen también despertar de su letargo de paz y armonía, y todos ellos sufren movimientos políticos internos que son bien populistas, bien de corte fascista o antieuropeos, o todo a la vez.

Surgen dentro de Europa movimientos populistas que reclaman el fin de esta Europa. Marie Lepen en Francia, Podemos en España y otros partidos en Alemania, Holanda o Italia. Todos ellos pueden confluir a la vez retroalimentándose, o poco a poco, o incluso fracasar.

Pero si mañana Trump logra la presidencia en Estados Unidos será el pistoletazo de salida para todos estos movimientos, algunos de ellos fuertemente arraigados en sus países. Porque Donald Trump refleja como pocos el populismo, demostrado en cada una de sus intervenciones, simplificando al máximo los problemas a los que se enfrenta Estados Unidos. Trump puede ser a Estados Unidos lo que Hitler fue a Alemania, un oportuno demagogo y populista que está en el momento preciso en el lugar adecuado.

La llegada de Trump rompería de golpe lo construido durante las últimas décadas y nos enfrentaría frente a un nuevo mundo desconocido. Su propuesta de un Estados Unidos aislacionista, alejado incluso de sus obligaciones con los otros países de la OTAN, puede derivar en impredecibles efectos, como bien indica este artículo. Y a nivel interno, excluyendo incluso su principal seña de identidad, la inmigración.

Y eso sería el fin del actual statuo quo. El fin de muchos años en los que se intentó construir una Europa fuerte, con Estados Unidos de policía internacional, cometiendo sin duda muchas injusticias, pero evitando por el camino políticas encaminadas a la confrontación mundial entre grandes potencias. Hasta ahora, solo parecía preocupar la posibilidad de una China que buscase la hegemonía. Y recientemente preocupaba la deriva de una Rusia liderada por un peligroso dictador, Putin.

La victoria de Hilary Clinton no asegura un mundo mejor. El mundo siempre estará repleto de injusticias, pero el mundo actual es infinitamente mejor que el vivido a mediados del siglo pasado.  Pero la elección de Hilary si evita una posibilidad nueva con escenarios reales como por un ejemplo un pacto  entre Trump-Putin,. Sería algo así como una nueva versión del pacto Ribentrop-Molotov,  que provocó que previamente a la segunda guerra mundial, Alemania y Rusia se repartiesen Polonia, y pudiesen dedicar más fuerza a otros frentes.

En el tablero actual todos los jugadore saben las reglas de la partida, siendo la fundamental la de no romper la baraja. Y a ello contribuyen, como decía arriba, las instituciones internacionales y frente a Rusia, especialmente, la OTAN.

La historia demuestra que cualquier detalle puede condicionar el futuro, incluso los más inesperados. Y desde luego un escenario con el Brexit y con Trump y varios otros gobernantes populistas en Europa, pueden desencadenar escenarios impensables.

Y entre medias está  la lucha contra el yihadismo. El Islam presenta una suerte de estado teocrático frente a la democracia Liberal. El ejemplo de Turquía como exponente de lo segundo, casi de manera excepcional entre los países árabes, presenta ahora la posibilidad de una Turquía islámica, tras los recientes acontecimientos.El terrorismo islámico pretende un mundo en contraposición al actual estado liberal y la democracia como valores superiores. No deja de ser un movimiento que ataca la democracia de igual manera que los movimientos populistas. Lo preocupante es ese cocktail.

El futuro es incierto pero la historia no. Y la historia nos demuestra que cada cierto tiempo cambia el statu quo de las naciones y se producen las guerras. Cómo y cuándo serán las siguientes, no lo sabemos. Esperemos que nunca. No sabemos cuál será el detonante, pero sí tengo claro que habrá muchas más probabilidades de que eso ocurra con gente ignorante y estúpida en los gobiernos de las principales potencias. Y sin duda, Trump es profundamente ignorante y suficientemente estúpido.

 

¿Que es real y que no lo es?

No es una pregunta filosófica sino tecnológica. Y la respuesta, que encontrarás al final del artículo, se responde con esta otra: ¿Acaso Importa?  Quizá haya que redefinir el concepto de realidad, y de eso se va a encargar la realidad virtual. La tecnología permite hoy en día algo tan asombroso como hacernos dudar de si lo que vemos es realidad o ficción

Cuando nuestros ojos no son capaces de distinguir si la imagen que vemos pertenece a un objeto físico del mundo real es cuando nos damos cuenta de la delgada línea que existe a día de hoy entre lo real y lo virtual.

Podríamos decir que lo virtual es lo que no existe ¿Lo que podemos ver, tocar y oler es lo real? ¿O acaso solo lo que podemos tocar? ¿Y lo que podemos oler? Estamos a algunos años de que  varias de estas premisas se evaporen ante los avances tecnológicos que se están logrando a marchas forzadas. Algunas investigaciones avanzan  poco a poco  para convertir olores a través de la televisión.

La realidad virtual ha comenzado a desandar el camino hacia un mundo en el que podamos interaccionar con todo nuestro entorno cómodamente desde nuestra casa u oficina. El final de ese camino sería la película de Bruce Willis, “Los Sustitutos”, en la que las personas reales viven sus vidas tumbados en cápsulas, mientras unos sustitutos robotizados viven sus vidas.

Mientras eso llega, podemos contemplar el avance de la realidad virtual en sectores como el inmobiliario, en el que algunas creaciones son tan sorprendentes que nos hacen dudar de si la realidad es tal, o es solamente algo virtual.

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Imágenes de la web: https://ue4arch.com/

Las dos fotos de arriba se corresponden con una toma de una imagen de la realidad y con una reproducción digital de ese mismo entorno. ¿Cuál corresponde con la realidad? Piénselo en 5 segundos y pruebe con esta otra imagen:

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Imágenes de la web:https://ue4arch.com/

 

Quizá el niño de la la foto derecha le de la respuesta definitiva. Pero si no estuviese ahí, las dos fotos de la izquierda pudieran ser tan reales como la propia realidad, o incluso más, en una paradoja que pudiera ser incluso absurda.

La capacidad de crear entornos reales e imágenes a través potentes motores  es un hecho que nos hace replantearnos el concepto de realidad. Pero no hablamos solamente de una infografía o un vídeo, sino de navegar por ese entorno, “físicamente”.  No se puede tocar, aunque sí interaccionar a través de dos mandos. Tampoco se puede oler –todavía-, pero se puede engañar al sentido de la vista de tal manera que es difícil saber si en realidad esa estancia existe o no.

 Este vídeo muestra un entorno de una vivienda que no existe, creado a partir de esa misma tecnología. No es una grabación de algo que existe sino una creación. Pero a la vista, todos los elementos interactúan de tal manera que habría que plantearse qué es real y que no lo es.

 Esto es solo el principio de la realidad virtual, ante un futuro repleto de apasionantes retos tecnológicos. Bienvenidos al futuro de la industria inmobiliaria.

 

Drones, ¿hacia donde vamos?

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A estas alturas todos ya sabemos ya que es un dron y algunos muchos ya habrán pilotado uno de esos pequeños drones de bajísimo coste, a modo de los antiguos coches teledirigidos. ¿Es esta la gran revolución que nos prometían?

La gran innovación de los drones ha sido la de reducir su tamaño y su coste desde los experimentales drones militares, y permitir su uso y fabricación mediante economías de escala. El gran monopolio de drones lo tiene DJI, empresa china, que ofrece los mejores drones al mejor coste.

Pero como le decía recientemente a un amigo, estamos solamente al principio, como Henry Ford cuando comercializó sus modelos T. “Le puedo ofrecer cualquier color mientras sea negro”, decía el antiguo genio norteamericano. Ahora, DJI, diría algo así como le puedo ofrecer cualquier dron mientras solamente quiera que vuele.

Hay mucho por hacer, empezando por las baterías y continuando por las funcionalidades. Pero nada que ya esté en camino. El avance en las tecnologías es exponencial y en muy poco tiempo todas esas soluciones vendrán dadas.

Y entonces, sí, los drones tendrán la capacidad de revolucionar muchos de los negocios actuales. No serán meros “helicópteros voladores” con una cámara para hacer fotos o grabar, sino que tendrán brazos robóticos para quitar o poner cosas,tendrán autonomía suficiente para volar durante un tiempo largo, total estabilidad para realizar cualquier tarea y funcionalidades que todavía ni conocemos. Serán aparatos resistentes al agua, al viento y a la torpeza humana.

Paralelamente habrá la necesidad de legislar y permitir el avance y evolución de estos aparatos. Y como  con los primeros coches, siempre habrá peligros, imprudentes y accidentes. Pero eventualmente veremos pequeñas bases de aterrizaje de vuelo de drones dentro de las ciudades. Muy posiblemente nuestros cielos estarán surcados a 100 metros de altura, por decenas de drones, programados para volar de manera autónoma.

Llevarán paquetería de aquí para allá, inspeccionarán todo tipo de infraestructuras, limpiarán incluso ventanas o como recientemente he visto, harán selfies. Puede ser incluso apropiado para lavarse los dientes, aunque por ahora solo sirva para transportar un cepillo.

A día de hoy hay empresas que ofrecen servicios varios con drones para agricultura, multimedia o de inspección, pero todavía son pocas aplicaciones para las inmensas posibilidades que ofrecen estos aparatos. Hablamos por supuesto de un futuro cercano, a pocos años. Toca esperar a ver la gran revolución prometida. Pero llegar, llegará., a no ser que llegue otra y el cielo esté surcado, en vez de drones, de coches voladoras. Pero, eso, me temo que sí está lejos de verdad.

Las dos almas de Ciudadanos

Rivera entre Rajoy y Pedro Sánchez
Rivera entre Rajoy y Pedro Sánchez

Ciudadanos, antes de ser el partido de Rivera como referente total, era un partido dividido entre dos corrientes: una liberal y otra más socialista. Dos corrientes representadas entre los padres fundadores y que a la larga provocaría una relación prácticamente irreconciliable.

 Pero mientras se dirimía la ideología del partido la verdadera alma del partido era aquella que anteponía el partido a cualquier tipo de interés nacionalista y además la que proponía un partido moderno, más cerca de Europa.

 Con esos mimbres se construyó y creció el partido, hasta llegar a Rivera, auténtico aglutinador, cabeza visible, y sí, también responsable principal del éxito actual de Ciudadanos.

 Pero hoy, el partido se enfrenta al mismo dilema de hace ya más de 10 años: ¿cuál es el alma del partido más allá de la lucha contra los nacionalismos?. Porque ese dilema se plantea una y otra vez, y no solo por el electorado sino también por los afiliados.

 Porque en contra de creencia popular, Ciudadanos no es un partido de centro derecha, tampoco de centro izquierda. Tiene tanto votantes como cargos políticos provenientes tanto del PSOE como del PP. Y muchos de UPyD, que a su vez era un partido sin definir claramente.

 Pareciera que esas dos almas tienen que existir necesariamente en un país, que aunque lo niegue Rivera una y otra vez, sí es de rojos y azules. Y la prueba más clara es que los rojos no pactan con los azules y estos tampoco con los rojos. Los morados son rojos radicalizados y los naranjas solo quieren ser naranjas, pero parece ser un color que nadie conoce. Si pactas con el PSOE eres rojo y si pactas con el PP, eres azul, y viceversa. Parece que no hay más salida que esa.

 Ya, pero ¿y si pactas con uno y con otro? ¿Acaso existe un partido que sea más de centro que ese? La clave está en demostrar que se puede apoyar a uno y a otro de la misma manera, pero siempre con las mismas condiciones, con el mismo discurso coherente. En el momento en que se opte por apoyar más a uno u otro, rápidamente se volverá a ser rojo o azul. Básicamente lo que se ha hecho con Andalucía y Madrid, pero sostenido en el tiempo.

 El drama añadido de Ciudadanos, es que a pesar del éxito de haber logrado más de 3 millones de votantes fieles, no es capaz con sus escaños de imponer nada. Es capaz de hacer algo de ruido y de condicionar en cierta manera los pactos, pero nunca de ser decisivos,. De ahí los vaivenes, pactando antes con Pedro Sánchez una investidura imposible e intentando salvar los muebles ahora con Rajoy, sin decir ni sí ni no.

 Para ser árbitro de un partido o de un conflicto, ambas partes tienen que darte esa condición, y Ciudadanos no la tiene. Y en la práctica PSOE y PP no quieren a Ciudadanos como árbitro, sino como amigo o enemigo, en función de sus intereses.

 Es por eso que la postura de Ciudadanos es tan complicada. Es un partido bisagra que en realidad no ayuda ni a abrir ni a cerrar puertas, porque ni tiene los votos ni tiene los escaños. Pretende actuar como tal y sus bases así lo demandan pero con dos posturas bien diferenciadas correspondientes a las dos almas internas del partido: la que simpatiza con el PSOE y la que lo hace con el PP.

 Para alcanzar ese estatus de árbitro lo primero que habría que hacer es creerse árbitro de verdad. Y para ello, quizá habría que empezar internamente por saber qué es Ciudadanos, más allá  de sus propuestas de reforma y de la lucha contra los nacionalismos. Definir de verdad conceptos ideológicos. Quizá lo sepan los dirigentes, pero desde luego no los afiliados y muchos menos los votantes, y sobre todo los no votantes.

 Dice un proverbio que para conocer a las personas primero hay que conocerse a uno mismo. Lo mismo aplica con Ciudadanos, para convencer a los votantes primero tiene que convencerse a sí mismo de cuál es su identidad.

El Mentalista de Hitler

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Una buena portada y un buen nombre son imprescindibles para la exitosa venta de un libro. Y también, por supuesto, el contenido. El Mentalista de Hitler, de Gervasio Posadas, cumple todos los criterios, con el añadido de incluir en su portada el nombre de Hitler, un nombre que causa siempre impacto, aunque el libro no trata directamente sobre él.

Si uno busca Hitler en Google se encontrará con millones de entradas. Algunas menos sobre un personaje que coincidió con el austriaco en el tiempo y en el espacio, Erik Hanussen, un mago o mentalista, que tuvo su parte de influencia sobre Hitler y algo en el devenir de los acontecimientos.

 Un tipo, Hanussen, peculiar, que logró impactar en su época gracias a su inteligencia e intuición. Dicen que la sugestión es uno de los poderes más fuertes que existen, capaz incluso de curar. Y sin duda Hitler, una personalidad extravagante era sugestionable, pero también era capaz de sugestionar a las masas. A pesar  de no tener formación ni méritos militares, ni pertenecer a una clase social alta o un círculo de influencia relevante y ni  siquiera tener un físico llamativo, Hitler sedujo a las masas, y también lo hizo Hanussen, con las mismas limitaciones. Así, el primero logró convencer a todo un pueblo, el alemán, para que le siguiera incondicionalmente hacia la guerra y hasta la locura. Y el segundo, logró ser el artista del momento durante varios años.

 La novela cuenta parte de la relación entre ambos personajes, desde la frescura que da un tercer personaje como protagonista, un periodista español residente en Berlín.  Los meses previos a la llegada al poder de Hitler y los sucesos relacionados con la inestabilidad del país son el escenario perfecto para relatar las relaciones entre Hanussen, Ortega, el periodista español, y los altos mandos militares.

 El libro, sirve también para narrar la Berlin prenazi, una ciudad cosmopolita, abierta -quizá incluso demasiado-, en donde cualquier tipo de espectáculo podía tener lugar. Una ciudad alejada del estereotipo clásico alemán, que durante el gobierno nazi quedaría irreconocible, sobre todo por la férrea e intransigente moral impuesta por los nazis, que era en realidad la simple y llana falta de libertad. Años después, Berlín  quedaría también físicamente destruida por la guerra, pero aunque pueda parecer una afirmación extravagante, viendo la devastación total, el auténtico drama fue de índole ético y moral. Lo demás, efectos colaterales, que tardarían décadas en sanar.

 El libro vislumbra una sociedad en la que efectivamente el exceso de libertad puede llevar al libertinaje, pero la falta de ella a la dictadura. Y se percibe claramente esa evolución a lo largo de la novela. Algo muy a tener en cuenta en los tiempos actuales.

Durante la narración aparecen múltiples personajes históricos, convirtiendo la novela es una espléndida narración de las vicisitudes que pasó Berlín y Alemania, antes de la llegada definitiva al poder de Adolf Hitler.

 En definitiva, una novela indispensable para los amantes de la historia y en especial de la historia de la segunda mundial y sus sucesos previos. Pero también una novela interesante para todos aquellos que se quieran asomar al mundo del espectáculo, y en concreto del ocultismo/magia/mentalismo, a sus excesos y excentricidades.

 No me gustaría pasar la oportunidad de señalar algunas similitudes de aquella Alemania, con la lucha entre los populismo como los de Hitler o el comunismo más agresivo, con la actualidad española, pero también europea. Sirva esta novela, también para recordar que la historia es cíclica, que todo lo que ya haya pasado es probable que vuelva a suceder, porque la naturaleza humana apenas ha cambiado a lo largo de los últimos siglos, y el afán de poder, dinero, éxito, pero también la profunda ignorancia, nublan la razón. Y eso, es algo que El Mentalista de Hitler pone de relieve a lo largo de sus más de cuatrocientas páginas.

Ciudadanos tiene la llave

Ciudadanos nació en Cataluña como reacción al independentismo, y se extendió en el resto de España motivado por la necesidad de un profundo cambio político, lastrado el país por un bipartidismo inmovilista. Con 35 años a sus espaldas, pero especialmente en las dos últimas legislaturas, tanto el PSOE como el PP quedaron retratados como dos partidos parecidos, sin capacidad ni intención de cambio. Ciudadanos, motivado por su buena aceptación en Cataluña y con la energía propia de los nuevos, trató de movilizar el hastío de forma constructiva, a diferencia de Podemos.

Así, el eje sobre el que han girado las propuestas de Ciudadanos, ha sido el concepto de regeneración. En torno a él una batería de propuestas, eternamente olvidadas en España, pero indispensables para modernizar el país. Fundamentalmente, y a grandes rasgos, las cinco siguientes:

  • Regeneración política y democrática (primarias, lucha real contra la corrupción, reforma electoral, etc…)
  • Independencia del Poder Judicial.
  • Un modelo económico productivo basado en el I+D+i.
  • Una ley de educación pactada a dos décadas vista.
  • Un modelo territorial cohesionado y equilibrado.

Sirva este resumen de la evolución de Ciudadanos para entender las decisiones a tomar en el futuro. La realidad actual es una bajada de 8 escaños, varios miles de votos perdidos, pero sobre todo, el incremento de escaños del PP, como partido más votado y unánime ganador.

Pero estos resultados, como los anteriores, no resuelven el problema de la gobernabilidad, con 4 partidos enfrentados, casi entre ellos, con una ciudadanía harta de la política, y con un país que necesita cambios y reformas urgentes para afrontar un futuro incierto, con el Brexit recién consumado.

Ciudadanos, a través de su líder, ha puesto una línea roja muy clara, la presencia de Rajoy en el gobierno, identificado con los peores años de corrupción en la historia del PP, pero también con una inacción política, inconsistente con la mayoría absoluta obtenida en las elecciones anteriores.

En el mismo lado se sitúa el PSOE, el auténtico árbitro de la gobernabilidad, a pesar de ser el gran perdedor durante estos últimos meses. Su veto a Rajoy, y al PP; algo, que por cierto, hasta hace poco era mutuo, impide toda reforma de largo plazo, y allana el camino a los independentistas, que además se benefician de la ley electoral para vender carísimo su apoyo.

Así pues, llegados a este punto, los partidos nuevos no han cambiado nada, sin capacidad de cesión y negociación, y con bloqueos que obligan a los posibles gobiernos a pactos que sobre todo perjudican al país.

Por eso, Ciudadanos tiene que dar un paso adelante. El veto a Rajoy y la palabra dada, y también la coherencia y la credibilidad, valen mucho menos que la estabilidad y el futuro del país. Porque Ciudadanos nace y crece para lograr precisamente ese objetivo, un país regenerado, no para ganar escaños. Ni se puede ni se debe ir a unas terceras elecciones, como se dijo en campaña. Pero es que además, se tiene una oportunidad perfecta para imponer si no las 5 reformas arriba expuestas, al menos 3 o 4. Es cierto que Rajoy no es el adecuado para poner en marcha esas profundas reformas, pero las urnas tampoco dictaminaron lo contrario.

Sin ser matemáticamente clave para la gobernabilidad del PP, Ciudadanos sí puede realizar un movimiento estratégico que obligue tanto a unos como a otros a retratarse. Cinco reformas claves para no votar en contra del PP en la investidura, obligando al PSOE a posicionarse a favor o en contra de esas reformas.

El partido socialista tiene que sacudirse su histórico antagonismo con el Partido popular. Más que nada porque además de que son lo mismo en esencia, se necesitan mutuamente, y lo más importante, España necesita a los dos partidos colaborando de forma activa.

Y Ciudadanos tiene esa llave para retratar a ambos partidos, y actuar como verdadero árbitro. Para eso se creó Ciudadanos, para cambiar el concepto de política reinante en España, para sentarse a negociar con los adversarios; para proponer políticas modernas y para, en definitiva, hacer de la política la profesión digna que debería ser.

Todo lo demás: vetos, medias propuestas, ponerse de perfil, especular hasta la desesperación, y ser destructivo y no constructivo, a quien verdaderamente perjudica es a los ciudadanos de este país. Es cierto que muchos votaron a Ciudadanos para no votar a Rajoy. Y también es cierto que las promesas han de cumplirse. Pero sobre eso, hay también otras dos certezas: casi ocho millones de personas votaron a Rajoy y los que votaron a Ciudadanos lo hicieron sobre todo, porque creen en su programa y en sus propuestas de cambio.

Para aunar ambas voluntades, debe gobernar Rajoy, pero si quiere el apoyo de Ciudadanos, debe ser a cambio de poner en marcha sus propuestas de regeneración, que es lo que motivó sus más de 3 millones de votos. Así que es la hora de hacer política con mayúsculas, sin precipitarse, que los tiempos son importantes, pero tampoco sin hacernos perder a todos el tiempo. Espero y deseo que Albert Rivera y el partido tengan esto claro.

La tercera revolución industrial

La mayoría ya hemos visto el futuro a través de las películas de Hollywood. Coches autónomos, drones por todas partes, militares con exoesqueletos, invenciones médicas, y robots de todo tipo. Ese futuro contemplado no lo hemos vivido, pero estamos a las puertas de hacerlo.

Se acerca de manera inexorable la explosión de una nueva revolución tecnológica, que es en realidad la continuación de la tercera revolución industrial. Una revolución científico-técnica o una revolución de la inteligencia que lo cambiará todo. Una nueva era que ya ha comenzado pero que está todavía a las puertas de la aplicación de las grandes innovaciones que cambiarán para siempre nuestra manera de entender el mundo.

Un robot del futuro
Un robot del futuro

Para entender el cambio que se avecina hay que remontarse a las dos primeras revoluciones y su impacto en la vida de las personas. El premio Nobel Robert Lucas lo definió así:

Por primera vez en la historia, el nivel de vida de las masas y la gente común experimentó un crecimiento sostenido (…) No hay nada remotamente parecido a este comportamiento de la economía en ningún momento del pasado

Durante la  Primera Revolución Industrial se vivió el mayor conjunto de transformaciones económicas, tecnológicas y sociales de la historia de la humanidad desde el Neolítico. El paso desde una economía rural basada fundamentalmente en la agricultura y el comercio, a una economía de carácter urbano, industrializada y mecanizada.

La máquina de vapor, el cambio en la industria textil y la extracción y utilización de carbón contribuyeron a la expansión del comercio gracias al desarrollo de las comunicaciones con la construcción de vías férreas, canales o carreteras.

Más tarde, en lo que se consideró como la segunda revolución industrial el desarrollo de los barcos y ferrocarriles a vapor así como el desarrollo en la segunda mitad del XIX del motor de combustión interna y la energía eléctrica supusieron un progreso tecnológico sin precedentes

Nuevas fuentes de energía como el gas, el petróleo o la electricidad; nuevos materiales y nuevos sistemas de transporte (avión y automóvil) y comunicación (teléfono y radio) provocaron innovaciones en cadena que afectaron al factor trabajo y al sistema educativo y científico. La introducción de nuevos materiales como el acero, zinc y aluminio determinó un cambio definitivo que afectó a la forma de trabajar, a las empresas al consumo y a la política y a la sociedad en general.

Ahora, nuestra tercera revolución industrial supondrá un cambio cualitativo también en nuestra forma de vivir. Son cambios progresivos a lo largo de décadas, pero sin duda el nuestro ya ha comenzado y tiene como punto de partida Internet, la utilización de energías renovables, tecnologías de almacenamiento de energía y otras muchas innovaciones que ya están presentes y fueron predichas por gente como  Nicholas Negroponte.

https://embed-ssl.ted.com/talks/nicholas_negroponte_a_30_year_history_of_the_future.html

 Y sin embargo, todavía no se ha producido un cambio sustancial, aunque lo podemos intuir.  Aquí señalo 7 grandes cambios que cambiarán completamente nuestras vidas. Algunos de ellos ya existen, aunque todavía no están comercializados a nivel de economías de escala.

  1. Nuevas fuentes de energía: desde las baterías de Tesla hasta la optimización de las energías renovables.
  2. Nuevos materiales: aquí el grafeno parece que está llamado a revolucionar el mundo, pero todavía no ha encontrado su hueco definitivo. Dentro de este apartado cabe incluir también la progresiva utilización de las impresoras 3D, una manera más eficiente y barata de creación de todo tipo de estructuras y objetos.
  3. Nuevo transporte. Un transporte inteligente, automatizado, con coches o incluso bicicletas autopilotadas. Y también hay que mencionar los coches eléctricos de Tesla. La mejora de los transportes actuales, como el futuro Hyperloop y también la utilización masiva de drones para mensajería o exploración, entre otras muchas utilidades.
  4. Viajes al espacio.  Aquí hay que mencionar nuevamente a Elon Musk y su Space X y a otras empresas que empiezan a promover viajes al espacios, que serán el embrión de futuras expediciones.
  5. La robotización. Desde la utilización de robots para todo tipo de industrias hasta los robots en el uso doméstico, pasando por su uso sanitario, como el uso de exorobots. Aquí, la llegada de los drones también va a cambiar sustancialmente la relación de la industria y el comercio.
  6. Revolución médica. Desde hace muchos años son muchos los avances aunque no de la relevancia de antaño en la que la gente pasó de morirse a dejar de hacerlo, gracias a logros como la penicilina. Pero y, hay avances suficientes en enfermedades como el cáncer o la diabetes y sobre todo el uso de nanopastillas y otras formas médicas revolucionarias.
  7. Realidad Virtual. El aterrizaje definitivo de la realidad está próximo y pasaremos de la inmersión actual a través del teclado y el PC, a la inmersión total con las gafas virtuales y todo tipo de accesorio. Y no será solamente aplicable a videojuegos sino a múltiples industrias como la de turismo o inmobiliaria.

Cada una de estas nuevas aplicaciones traerán otras futuras, y veremos como el siglo XXI será el inicio de una nueva era.

 

 

 

Brexit: ¿Y ahora que?

Un futuro descorazonador
Un futuro descorazonador

Han pasado más de 40 años desde la incorporación del Reino Unido dentro de la Union Europea, un país clave por su influencia  y por su tamaño, pero también uno de los principales obstáculos para la construcción de una unión más fuerte y unida.

Hoy, sin embargo, la salida del Reino Unido supone el principio de una serie de turbulencias que se avecinan. La primera es la económica, la reacción de los mercados y el impacto económico que ya se hace ver en las bolsas europeas. Las siguientes serán aún más preocupantes y tienen que ver con las acciones que tomará la propia Unión Europea y los países que la conforman.

El precedente del Reino Unido es la mejor noticia para los partidos antieuropeístas, partidos populistas, algunos de extrema derecha y otros de extrema izquierda, pero ambos con el convencimiento de que se vive mejor fuera de Europa. Todos ellos harán fuerza para obtener sus respectivos referéndum para permitir que el pueblo, en ocasiones profundamente ignorante sobre lo la realidad de las cosas, decida el futuro de un país, y de sobre todo, de una Unión, que hasta la fecha ha traído sobre todo progreso.

Lo que viene son líderes que no creen en la globalización, líderes como Trump o Le Pen o partidos como Podemos o Syriza. Tienen más cosas en común que lo contrario y una de ellas aboga por cerrar fronteras y evitar la globalización.

Desde la caída del muro de Berlín, en 1989 no se vivía un hecho de tanto impacto político y económico. Hemos pasado 30 años sin el muro, disminuyendo fronteras, hacia un mundo más abierto y también más próspero.

Solo hay que ver los gráficos para entender que hoy el mundo es menos pobre que ayer. Y sí, las crisis económicas han afectado mucho, pero quien quiera mirar más atrás verá a una Europa desolada, completamente dividida y rota por la guerra. Hoy, la esperanza de vida y el progreso es infinitamente mayor en la mayoría de los países que hace 30 años.

Y hoy, el Reino Unido comienza, quién sabe si un efecto dominó que puede está llamado a cambiar el mundo tal y como lo conocemos. Esperemos que sea a mejor…

La realidad virtual ya está aquí

El 2016 va a ser finalmente el año de la llegada de la realidad virtual (VR); esta vez para quedarse definitivamente. Hasta ahora, lo que habíamos visto de la VR había sido a través de películas futuristas o modelos de prueba, de difícil encaje en el mercado o de un coste excesivo. Y sobre todo, la realidad virtual, no inmersiva, a través de nuestras pantallas de ordenador, un mal sucedáneo, que aún así, nos ha permitido descubrir múltiples y nuevas experiencias virtuales.

 Pero las pantallas de ordenador, el teclado clásico y el gran invento asociado, el ratón, están a punto de pasar a la historia y dar paso a la verdadera Realidad Virtual, con un conjunto de elementos como gafas, mandos y hasta zapatillas, que nos sumergirá por completo, esta vez sí, en un mundo virtual.

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La comercialización de gafas virtuales por parte de algunas de las empresas tecnológicas más potentes del mercado, y su competencia entre ellas, ha mejorado enormemente su funcionamiento y ha ido bajando tanto su coste de producción como su precio de mercado. Todavía está lejos de ser un producto de consumo básico pero ya es una realidad del mercado, asemejándose a aquellos primeros teléfonos móviles, que solo unos pocos tenían, sin más funciones que una llamada de teléfono y con unos tamaños y unos costes desproporcionados.

 Pero la tecnología va a velocidad de vértigo y las aplicaciones de la realidad virtual van muchísima más allá de los videojuegos, y su uso puede dar un salto cualitativo en múltiples sectores de negocio, necesitados de nuevas formas de interacción con sus clientes. Lo que puede ofrecer la VR son nuevas experiencias y la creación de nuevos mundos sus alcanzables y visionables a través de unas simples gafas (no tan simples). De la misma manera que con el ordenador puedes acceder desde tu casa, con un simple click, a múltiples opciones como hablar con amigos, comprar en tiendas, ver la televisión, etc…; con la realidad se podrá realizar lo mismo, pero como si de hecho estuvieses físicamente haciendo todas esas labores.

 El ratón y la pantalla de hoy son el mando y las gafas virtuales del mañana y es solamente una cuestión de tiempo que estos productos se comercialicen a todos los niveles y que su uso se extienda para aplicaciones que ahora ni siquiera podemos imaginar. Es lo que suele pasar con las tecnologías, que comienzan dubitativas, dirigidas primero a un nicho determinado, y acababan, tras muchos avances y mejoras copando múltiples espacios.

 Y eso es justamente lo que pasará con los drones, la robótica, la impresión 3D o la Realidad Virtual. Tienen por delante todo casi todo el siglo XXI para cambiar un mundo todavía anclado en la tercera revolución industrial, pero a las puertas de una nueva y apasionante revolución tecnológica.

 Por ahora nos conformamos con pensar en lo que nos puede ofrece la Realidad Virtual, pero dentro de muy poco esa oferta será tan amplia y variada como las App de hoy en día.

Ines Arrimadas al rescate de Cs

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Ha transcurrido más de un año de política nacional para Ciudadanos pero para algunos parece que el tiempo se haya multiplicado por 5. Un sin fin de elecciones culminados con las segundas generales en cinco meses, han dado como resultado el desgaste de un partido que hasta hace muy poco solamente operaba en la circunscripción de Cataluña.

Ahí es donde Albert Rivera se curtió y se hizo político, lidiando en minoría contra el sistema independentista. Una guerra de guerrillas que agotó mucho menos a Rivera que este año agotador entre platós y mítines. Tenía Cs que hacer una estrategia expansiva para dar a conocer a su máximo activo, pero por el camino quemaron demasiado pronto sus cartuchos. Hoy, Albert Rivera parece un político antiguo-en cierta manera lo es, lleva 10 años ejerciendo como tal-, exhausto, agotado, repitiendo los argumentos que antes eran novedosos y frescos, pero que ahora suenan repetidos y cansinos.

Seguramente el partido temía explotar otros activos menos capacitados, pero la sobreexposición de Rivera ha sido evidente y nada mejor que su rostro ojerizo y cansado lo representa.

Frente a eso, ayer vimos la otra cara de la moneda, Ines Arrimada. Una mujer joven, aunque solo dos años menor que Albert Rivera, con menos carga política a sus espaldas (en política desde 2012), pero con una sorprendente madurez política.

Ayer, en el debate de mujeres fue la mejor de largo. Y seguro que lo habría sido también contra hombres. Me recordó por instantes al mejor Rivera, al de antes, al que llegaba fresco. La política desgasta. Ahora mismo Arrimadas desempeña el papel que antes hizo Rivera como opositora al independentismo. Lo hace con la fuerza de un grupo parlamentario que es oposición mayoritaria. Y lo hace, como su jefe de partido, con valentía, una cualidad que se aprecia en estos tiempos de cobardía política

Ese “training Camp” en un entorno hostil como es el parlamento de Cataluña parece curtir a todos los candidatos e Inés no es una excepción. Si al entrar parecía una niña- quizá fuese un error de percepción-, hoy parece una mujer capaz de liderar un partido. Sólida, sobria, con ideas claras y buena capacidad comunicativa, ayer Inés Arrimadas acudió al rescate de Ciudadanos para mantener los votos de las últimas elecciones y para ganar algunos más que podían estar dudando de la capacidad de Cs.

Y quién sabe si en el futuro acudirá para competirle el liderato al mismísimo Rivera, en cierta manera su mentor y valedor, pero quizá pronto su competidor.